↑ Volver a LA CRÓNICA

El alma muy vieja

     Se sabe de un muchachón que -aunque cerca de los treinta y aun con las carnes jóvenes- ya tiene el alma muy vieja, porque la vida lo arrastra donde empuje la marea y lo roen los parásitos del desdén y la indolencia.

Como pichón boquiabierto, un salvoconducto espera que a los países de JAUJA se lo lleve mar afuera.

Piensa que si aquí ha bailado la vida como una fiesta, viviendo de los inventos y soslayando las reglas, allá, donde el crimen cobra y siempre pasa la cuenta, donde todo está inventado, podrá vivir de una renta.

¡Ay, mísero narcisista en su lenta carrilera, en tanto la vida pasa lanzándolo a la cuneta! Vive aguardando la suerte de la virgen Cenicienta con los molleros inflados y vacía la mollera.

El oriundo de Jobabo.